Etiquetas: Grecia

Salir del euro como opción

23 nov

El gran problema que están teniendo las economías europeas es, ante todo, un problema político. No es la economía la que aquí está causando los problemas a los Estados sino, muy al contrario, la política o más bien la falta de política, está condenando a los Estados a vivir bajo el chantaje permanente.

 

El chantaje económico viene causado, principalmente, por la acción de movimientos especulativos en torno a las emisiones de deuda. El procedimiento es sencillo: ante una futura emisión de deuda, se eleva artificialmente la prima de riesgo a través de la venta masiva de CDS (Credit Default Swaps) o generando turbulencias en países relacionados con aquel que emite deuda con el objetivo de alzar el tipo de interés y, así, lograr rentabilidades más altas.

 

Contra ese chantaje en las emisiones de deuda, el Banco Central bien podía hacer algo, como le están demandando la práctica totalidad de los países más afectados por la crisis de deuda. Es cierto que estatutariamente lo tiene prohibido, o quizá no tanto. Me explico.

 

El Banco Central Europeo tiene prohibido comprar deuda en el mercado primario, pero no así en el secundario, donde lleva varios meses actuando de tapado. Una simple amenaza por parte de los directivos del BCE -no hablamos aquí de una actuación decidida sino de una simple amenaza- sugiriendo que se iba a comprar masivamente deuda pública en el mercado secundario echaría por tierra todo el juego especulativo que se traen, muy especialmente en el terreno de los CDS.

Antes del euro, los Bancos Centrales de la mayoría de los países acudían al mercado de deuda pública comprando deuda y evitando así el chantaje de los especuladores. No cabía entonces incertidumbre: si el sector privado no compraba deuda, ahí iba a estar su Banco Central. Sin embargo ahora, al no intervenir el BCE, hay barra libre de exigencias y chantajes.

 

Ante esto, muchos países se plantean si esto de la Unión Monetaria y la inacción del BCE es realmente positiva o si, simplemente, su única utilidad es hundir países como Grecia o Italia. A eso precisamente nos pondremos ahora, a intentar dilucidar qué pasaría si un país como Grecia, sale del euro.

 

En primer lugar, habría que recuperar el Dracma. Y un Dracma, dicho sea de paso, devaluado -porque no podría ser de otra forma, el Dracma a todas luces valdría menos que el euro-. El problema en este caso radica, entre otras, en que la deuda griega actual está valorada en euros, lo cual, con un Dracma devaluado, viene a implicar que la deuda se haría incluso más cara para el pueblo griego. Es decir, serían necesarios muchos Dracmas para pagar un euro. Por tanto, ya encontramos el primer obstáculo: La deuda, que era el problema a superar, se hace más grande cuanto más nos alejamos del euro.

 

Pero no sólo eso. Huir del euro en la práctica va a venir a señalar que Grecia deberá abandonar la UE, con las pérdidas económicas que ello tendría en base al fin de las ayudas que la Unión concede a Grecia, cuyo saldo a día de hoy, es ventajoso para el país heleno.

 

Sin embargo las ventajas de tener una moneda propia y devaluada también existen y no son pocas. En primer término, Grecia tendría una moneda propia y con un valor bajo, con lo que sus exportaciones y el turismo se incrementarían al ser relativamente barato para los extranjeros comprar en Grecia. Además, la salida de la UE comporta otra ventaja: Grecia sería autónoma para tomar sus propias decisiones. Y ese es sin duda el argumento de mayor peso que encontramos aquellos que creemos que la situación griega no es sostenible y ni mucho menos digna.

 

El pueblo griego debe volver a tomar las riendas de su destino y, ante la asfixia de Europa, parece que la única solución es romper la baraja. Una salida social en Grecia es imposible si se sigue obedeciendo de forma ciega al yugo del Fondo Monetario Internacional y de los intereses económicos dominantes en el seno de la Unión Europea.

 

Por eso parece que, caeteris paribus, el pueblo griego se enfrenta a una difícil disyuntiva que va más allá de mantener el euro como moneda propia o no. Grecia se enfrenta al ser o no ser. Y puede que, en no mucho tiempo, España tenga la obligación de dar respuesta, una respuesta a la que el pueblo español debe estar a la altura y decidir si aún sigue dispuesto a entregar armas sin dar batalla o si ya se ha cansado de esta situación de chantaje sistémico y sistemático. Soberanía o Colonia, he ahí la cuestión

Cosas que se aprenden (mal) en la escuela

3 nov

El primer ministro griego, G. Papandreu, ha decidido de forma casi unilateral, convocar un referéndum para, ahora sí, que el pueblo griego decida sobre su más inmediato futuro aceptando o rechazando la “ayuda” europea. Una ayuda que, a día de hoy, ya se ha cobrado más de una docena de Huelgas Generales ampliamente secundadas.

Sin embargo, la idea de implicar a la ciudadanía en gobernar su futuro parece que no gusta ni dentro ni fuera de Grecia. En sus fronteras, la derecha política que llevó a Grecia a través del maquillaje contable a la situación actual se opone férreamente a esta consulta popular. El PASOK -el equivalente al PSOE en Grecia- anda dividido entre los que opinan que ya era hora de que los que están pagando la crisis -el pueblo griego, en forma de recortes y privatizaciones- puedan decidir, y los que opinan que Papandreu debe actuar como un buen déspota ilustrado, buscando lo mejor para el pueblo pero sin contar con él -y sin pasearse por sus calles ni intentando llegar a fin de mes con el sueldo medio griego-.

Más allá de la península de los balcanes la cosa no varía en exceso. Francia y Alemania -sus políticos, hablando en nombre de Deutsche, Commerzbank y BNP Paribas, que son los que más intereses tienen en Grecia- han expuesto al gobierno griego su sorpresa y su preocupación porque la cosa esta del referéndum, eso de preguntarle a la gente más de una vez cada cuatro años sobre los asuntos del gobierno, salga adelante; que cómo va a ser eso, ¡¿y si votan que “no?!.

En España la cosa tiene una nota más de humor si cabe. López Garrido, Secretario de Estado para la UE, ha dicho que esto del referéndum está bien para reformas constitucionales – reformas de pan y pescado, por supuesto, ya que su partido (el PSOE) evitó recientemente un referéndum sobre dicha materia en connivencia con el PP- pero que, ni mucho menos, está la salud del euro como para ir andando de demócratas por la vida. Que esto viene a reducirse a ese refrán tan castizo “A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga”.

Y entre bendiciones, dimes y diretes, los mercados ya han movido ficha. Desplome generalizado para asustar y aquí paz y después gloria que, al fin y al cabo, somos nosotros los que mandamos. Y a ver quien es el guapo que se atreve a dudarlo, que bien rápido se le endiña una Merkel, un Sarkozy o un Pepiño Blanco -a elegir y al gusto de cada cual- para poner las cosas claras: La democracia es lo que yo diga y cuando yo lo diga.

Y es que no aprendemos. Pero la culpa no es nuestra, sino de aquellos que nos tutelaron y nos enseñaron durante muchos años conduciéndonos al error. De aquellos y aquellas profesores y profesoras que se afanaban por decirnos cuánto había costado traer la democracia y lo importante que era preservarla y defenderla, sin caer en la cuenta de que lo que aquí realmente importa es que el euro salga fortalecido, la prima de riesgo no se dispare y que superemos con holgura la barrera psicológica de los taitantosmil puntos. Que para lo demás siempre habrá tiempo.

Reflexiones sobre la crisis desde Atenas

18 oct

Os dejo las reflexiones sobre la crisis económica griega del escritor Pedro Olalla desde Atenas.

Vía Javier Delgado Ceballos.